Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Ser discípulo de Cristo, nunca ha sido fácil. El mundo no tolera el mensaje que predica, porque el mensaje de Jesús pone en cuestión los valores que sostienen a esta sociedad: el dinero y el poder. “Los del mundo” se opondrán, como se opusieron a Jesús. Hoy el mismo Señor anuncia a sus seguidores que les esperan persecuciones, azotes, juicios, incomprensión, cárcel. Pero anuncia también que los suyos no estarán solos: El Espíritu del Padre estará con ellos en los momentos de dificultad y sufrimiento. Los dos anuncios se han cumplido y seguirán cumpliéndose. Ahí está el testimonio de tantos cristianos que han sufrido y sufren incomprensiones, persecución y martirio. Y el testimonio de cómo han muerto y mueren con una paz, una alegría y una confianza que sólo puede dar la certeza de saberse en manos del Padre que los ama. Y nosotros mismos ¿no lo hemos experimentado en algunos momentos de contradicción, de conflicto, de dificultades? El Padre nunca nos deja solos.
2. Tal vez nosotros no seamos perseguidos por causa de nuestra fe con tan saña como lo han sido y lo son en muchos países otros hermanos nuestros; pero en nuestra sociedad no se lleva ser y vivir como cristiano. Y bien sabemos que nunca los “profetas” han sido soportados: por su estilo de vida y sus denuncias han sido perseguidos y despreciados. Recordemos cómo trataron al mismo Jesús. Por eso, no debe extrañarnos que, si nos tomamos en serio nuestro ser cristianos y testigos del evangelio, encontremos contrariedades. Las costumbres, criterios y comportamientos del seguidor de Jesús se pegan de puñetazos con los que rigen la vida de mucha gente de este mundo de hoy, y esto les resulta “insoportable”, porque se sienten denunciados por esos criterios y ese estilo de vida. Por eso llegan las críticas, las zancadillas y el desprecio porque no somos como los demás. Y esto ocurre a veces, incluso en la misma familia: “Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán. Pero, Señor, tú nos lo advertiste y estás a nuestro lado. Nosotros somos débiles, pero tú eres fuerte y poderoso. En ti confiamos. Ayúdanos, que, apoyados en ti, seremos fieles a tu amor, aunque el ambiente sea hostil. .
3. Gracias, Señor, porque nos elegiste para ser testigos de tu amor y de tu evangelio en esta sociedad tan materializada. A veces nos cuesta hacer frente a las dificultades y a las incomprensiones. Danos tu gracia, para que, con la fuerza del Espíritu, te seamos fieles y demos testimonio de que te conocemos y amamos, viviendo los valores de tu evangelio, aunque nos odien, como anunciaste tú: “Todos os odiarán por mi nombre.” Señor, que perseveremos en tu amor hasta el final, para que se cumpla en nosotros tu promesa de ser salvados:” el que persevere hasta el final, se salvará.”
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.