Miércoles de la 14ª semana del T. O.
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, Jesús llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: "No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca." (Mateo 10:1-7). 1. Hoy contemplamos a Jesús “llamando a sus doce discípulos,” elegidos de entre los muchos que le seguían. Con los doce se inicia el Israel mesiánico. A cada uno lo llama por su nombre: Simón, Andrés, Santiago, etc. Así nos ha llamado a cada uno de nosotros también. Por nuestro nombre y de entre tantos y tantos que podían ser llamados. ¿No es motivo de agradecimiento y contento? El Señor -como se fijó en cada uno de los Doce- se ha fijado en mí, en ti. Bien sé, Señor, que el mérito no ha sido nuestro. Que no somos mejores que los demás. Como no lo eran tampoco los Doce. Pero tú, Señor, nos has mirado con un amor de predilección y nos has llamado gratuitamente a ser de los tuyos. Comentando este episodio de la elección de los Doce, escribe W. Trilling: “Uno de los misterios más terribles de la historia es que Judas fuera uno de los apóstoles. Los límites entre el reino de Dios y el imperio de Satán están muy próximos. El traidor, que pertenecía al grupo más íntimo, se convierte en el instrumento del espíritu maligno.” Señor, que yo te sea fiel, que permanezca siendo siempre uno de los tuyos, sin que nunca te traicione como Judas. 2. A los Doce los llama Jesús para que le sigan y formen parte de su comunidad, y para enviarlos a realizar la misma misión evangelizadora que él: “…les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia… Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca." Es decir, les encarga que hagan lo mismo que él: proclamar el Reino de Dios y acompañar esa proclamación con obras liberadoras: curar dolencias y vencer a los espíritus inmundos. Y para ello les da su poder sobre el mal. En ellos y por ellos actuará Jesús. Ellos serán como su brazo extendido... También a la gente de estos tiempos tiene que ser anunciada la Buena Noticia del amor y de la salvación de Dios. Y para ello nos ha elegido el Señor a nosotros: para que, en este momento de la historia -con la palabra y con obras- demos testimonio de la cercanía del Reino y del amor de Dios, y para “curar” los sufrimientos de la gente, y levantar los ánimos decaídos, y para “expulsar los espíritus inmundos” que hoy esclavizan a los hombres: el materialismo, el egoísmo, el desamor, el hedonismo desbocado… No es fácil la misión, Señor. Pero tú estás con nosotros. Y contigo sí podemos cumplir nuestra misión. 3. La Buena Noticia es para todos, ha de llegar a todos; pero hemos de empezar por los cercanos: la familia, los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo, del grupo parroquial, etc. Porque es fácil soñar en aventuras misioneras en tierras lejanas y peligrosas. Es cierto que a algunos los llama Dios a eso; pero a la mayoría el Señor nos dice lo que a los Doce en aquella ocasión: “id a las ovejas descarriadas de Israel”. Por ahí hemos de empezar, por los “nuestros”. Preguntémonos hoy si los que conviven con nosotros pueden ver cómo el amor de Dios es capaz de hacer a una persona más generosa y servicial, y llenarla de gozo y alegría de vivir, aun en medio de las dificultades de la vida.... Gracias, Señor, por habernos llamado para colaborar en la construcción de tu Reino de amor. Que los cristianos de hoy mostremos, con nuestras vidas entregadas, que la Iglesia es un hogar de amor y esperanza para este mundo nuestro tan desconcertado y sin ilusión.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
11/07/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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