Viernes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme." Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: "¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?" Jesús lo oyó y dijo: "No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores." (Mateo 9:9-13)

1.      El evangelio nos cuenta cómo Jesús elige a un publicano para ser discípulo suyo: “Vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme. Él se levantó y lo siguió."  Entre los judíos, los publicanos formaban parte de los considerados malos y pecadores, a los que los observantes de la ley despreciaban. El motivo era que colaboraban con los opresores romanos, cobrando los impuestos para Roma y, además, generalmente exigían más de lo establecido. Pues bien, a Mateo, un hombre despreciable y pecador, Jesús lo mira con amor y lo invita a ser de los suyos. Una vez más Jesús muestra su predilección por los marginados de la sociedad...  Mateo oye su invitación, y sin dudar, lo deja todo y se va con él...  Señor, viendo cómo miras al “despreciado” Mateo, me pregunto cómo miro yo a los pecadores  y despreciados de esta sociedad. Y viendo lo pronto que te responde Mateo, me pregunto cómo respondo yo a tus llamadas. Y con pena, Señor, veo que estoy lejos de tu modo de obrar con los marginados, y lejos del modo de responderte Mateo. Señor, que hoy aprenda la lección  que cada uno me dais.

2.      Jesús invita a Mateo para que se vaya con él,  pero, además, él y sus discípulos se sientan a la mesa  con el publicano Mateo y con otros de su calaña. “Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: "¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?" La tentación de los que nos creemos “buenos” es creernos mejores que los demás y aislar al pecador. Como hacían los fariseos y los piadosos, que, en su soberbia intransigente, criticaban  a Jesús porque tenía trato con los pecadores. ¡Cómo me veo retratado en ellos, Señor! Yo, creyéndome de los “buenos”,  juzgo y condeno sin piedad a los que la sociedad juzga malos. Y a veces hasta me escandalizo de que otros sean comprensivos con ellos. ¡Yo, Señor, que resisto y resisto a tus llamadas a la conversión!... Señor, ten misericordia de mí. No me juzgues con la dureza con que juzgo yo a los demás.

3.      “Jesús lo oyó y dijo: "No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores."  Al llegar aquí en mi meditación y escuchar estas palabras tuyas, experimento un gran consuelo, Señor. Es cierto que en mí sigue agazapado el fariseo hipócrita y duro que condena fácilmente a los demás. Pero, Señor, ¡qué consolador escuchar, una vez más, que tú no has venido para los sanos y los justos, sino para nosotros los enfermos y  pecadores! Por eso no hiciste asco de los pecados de Mateo y de sus amigos publicanos, ni esperaste que se convirtieran para hacerte amigo suyo y sentarte a la mesa con ellos. Tú nos amas antes de que nos convirtamos. Es tu amor el que nos gana y nos convierte. Escribe Juan A. Pagola: “Nuestro pecado, por muy grave que sea, no ha de ser nunca un obstáculo para acercarnos humilmente a Dios. Al contrario, pocas veces está el hombre tan cerca de Dios como cuando se reconoce pecador y acoge agradecido el perdón de Dios y su fuerza renovadora.” Hoy vengo a ti, Señor, sabiendo que soy pecador, pero sabiendo, sobre todo, que me amas. Sana mi corazón. Hazme comprensivo y acogedor con mis hermanos, como tú lo eres conmigo. Que aprenda, por fin, Señor, lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios.”

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

06/07/2012


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