Sagrado Corazón de Jesús (B)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Sagrado Corazón de Jesús (B)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

“En aquel tiempo los judíos, como era el día de la preparación, que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato  que les quebraran las piernas y los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los saldados con la lanza le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que y también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán un hueso”; y en otro lugar la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron.” (Jn 19, 31-37).

1.      Hoy celebramos la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Esta fiesta es la fiesta de la ternura de Dios para con los hombres, la fiesta del amor de Dios que hemos conocido en Jesús. Dice san Juan en su  carta primera “En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación  por nuestros pecados.” Gracias, Padre, por el precioso don de tu Hijo Jesús, y gracias, Jesús, por habernos revelado, con tu amor sin límites, el inmenso amor del Padre. Que sepamos, Señor, corresponder a ese amor de Dios, y que aprendamos a amarnos  los unos a los otros como Dios nos amó, según dice san Juan:“Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a  otros,”

2.      Juan Pablo II, hablando del Corazón de Jesús, dice: “Todo lo que Dios quería decirnos de sí mismo y de su amor, lo depositó en el Corazón de Jesús y lo expresó mediante este Corazón…” En él contemplamos el inmenso amor del Señor Jesús, y la gran  bondad con que nos mira a cada uno de nosotros. “Cristo nos ama y nos muestra su Corazón como fuente de vida y santidad, como fuente de nuestra redención”, añade el Papa. Y para comprender de modo más profundo esta invocación del Corazón de Jesús aconseja Juan Pablo II que recordemos el encuentro de Jesús con la samaritana. Ella había ido para sacar agua. Y Jesús le dijo: «Dame de beber»; ella le replicó: « ¿cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?»... Jesús, entonces, le dijo: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice 'dame de beber' tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva que se convertirá  en fuente de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4, 1-14).”  Señor, hoy, contemplando tu corazón abierto, te ruego como la samaritana: “dame de beber, dame el agua de tu amor que brota de ese costado traspasado; dame esa agua, Señor, para que sacie de tal manera la sed de mi corazón, que nunca más necesite  beber el agua de “otros amores”.

3.      Para concluir hagamos nuestros los sentimientos que rexpresa la liturgia de esta fiesta en uno de sus himnos: “Anduve de puerta en puerta / cuando a vos no me atreví; / pero en ninguna pedí / que la hallase tan abierta. / Pues, como abierto os he visto, / a Dios quise entrar por vos: /que nadie se atreve a Dios / sin poner delante a Cristo. / Y aun éste, lleno de heridas, / porque sienta el Padre eterno / que os cuestan, Cordero tierno, / tanta sangre nuestras vidas.” Corazón de Jesús, en vos confío. En ti, Señor, pongo toda mi confianza. Soy débil, me siento empecatado. Pero lo espero todo de tu bondad infinita. En tu Corazón abierto me refugio, Señor. Protégeme. Que nada me separa de tu amor. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

15/06/2012


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