31 de mayo – Fiesta de la Visitación de la Virgen María
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá: entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había prometido a nuestros padres-, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre. María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.( Lucas 1, 39-56) 1. María había recibido el anuncio del ángel: Dios se había fijado en ella, una humilde muchacha de Nazaret, y la había escogido para ser la Madre del Salvador esperado por tantas generaciones. Podemos imaginar la alegría y la gratitud que llenaría el corazón de la Virgen. Pero el ángel le ha manifestado también que Isabel, la que llamaban estéril, había sido bendecida también por Dios con un hijo. Y María sintió el impulso de compartir su gozo y su alegría con Isabel por haber sido bendecidas por Dios con el don de la maternidad, y, tal vez, pensó también que siendo Isabel anciana ya, necesitaría su ayuda. Por eso, cuando el ángel se marchó, “María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá: entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.” 2. La llegada de María sorprendió a Isabel. El evangelio cuenta: “se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” María es la bendita entre todas las mujeres; por obra de Dios en su vientre madura el Mesías esperado con ansias por Israel. Pero María no ha esperado que la visite Isabel y la reconozca como la importante, sino que viene a visitar a la que es menos importante y a hacerse su “servidora”. María debió pensar: Isabel es anciana, necesita ayuda, ¿cómo no ponerme a su servicio? Así podemos decir que María comienza ya a recorrer el camino de servicio que enseñará después Jesús, el hijo que late en sus entrañas. ¡Qué estupendo ejemplo de disponibilidad y servicio el que nos da hoy María! Y nosotros ¿qué hacemos: ponernos en camino hacia el servicio, o esperar el reconocimiento y que nos sirvan? María, Madre, ruega por nosotros para que el Señor nos dé corazón humilde y servicial, como el tuyo. 3. Por la encarnación del Hijo de Dios en su seno, María ha sido hecha sagrario vivo del Salvador, portadora de Cristo. En ella habita el Salvador, es el Arca de la Nueva Alianza, y en su seno guarda al Santo, al que es fuente de toda bendición. Por eso, con ella ha llegado la alegría de la salvación mesiánica a la casa de Zacarías e Isabel. De ahí que su saludo tiene como respuesta los jubilosos saltos del niño que Isabel lleva en su seno, como proclama la misma Isabel: “En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre”. El viaje de María resulta, pues, un viaje apostólico, misionero, portador del Salvador y de la salvación. ¡Qué estupendo si todo viaje y presencia de los cristianos fuera así! El himno de laudes de esta fiesta canta bellamente este viaje de María:
Cuando el ángel se alejó,-Maria salió al camino. Dios ya estaba entre los hombres.-¿cómo tenerle escondido? Ya la semilla de Dios – crecía en su blando seno. Y un apóstol no es apóstol-si no es también mensajero. Llevaba a Dios en su entraña –como una preeucaristía. ¡Ah, qué procesión del Corpus- la que se inició aquel día! Y al saludar a su prima – Juan en el seno saltó. Que Jesús tenía prisa - de empezar su salvación. Desde entonces, quien te mira –siente el corazón saltar. Sigue salvando, Señora, - a quien te logre encontrar.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
31/05/2012
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