Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. María había recibido el anuncio del ángel: Dios se había fijado en ella, una humilde muchacha de Nazaret, y la había escogido para ser la Madre del Salvador esperado por tantas generaciones. Podemos imaginar la alegría y la gratitud que llenaría el corazón de la Virgen. Pero el ángel le ha manifestado también que Isabel, la que llamaban estéril, había sido bendecida también por Dios con un hijo. Y María sintió el impulso de compartir su gozo y su alegría con Isabel por haber sido bendecidas por Dios con el don de la maternidad, y, tal vez, pensó también que siendo Isabel anciana ya, necesitaría su ayuda. Por eso, cuando el ángel se marchó, “María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá: entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.”
2. La llegada de María sorprendió a Isabel. El evangelio cuenta: “se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” María es la bendita entre todas las mujeres; por obra de Dios en su vientre madura el Mesías esperado con ansias por Israel. Pero María no ha esperado que la visite Isabel y la reconozca como la importante, sino que viene a visitar a la que es menos importante y a hacerse su “servidora”. María debió pensar: Isabel es anciana, necesita ayuda, ¿cómo no ponerme a su servicio? Así podemos decir que María comienza ya a recorrer el camino de servicio que enseñará después Jesús, el hijo que late en sus entrañas. ¡Qué estupendo ejemplo de disponibilidad y servicio el que nos da hoy María! Y nosotros ¿qué hacemos: ponernos en camino hacia el servicio, o esperar el reconocimiento y que nos sirvan? María, Madre, ruega por nosotros para que el Señor nos dé corazón humilde y servicial, como el tuyo.
3. Por la encarnación del Hijo de Dios en su seno, María ha sido hecha sagrario vivo del Salvador, portadora de Cristo. En ella habita el Salvador, es el Arca de la Nueva Alianza, y en su seno guarda al Santo, al que es fuente de toda bendición. Por eso, con ella ha llegado la alegría de la salvación mesiánica a la casa de Zacarías e Isabel. De ahí que su saludo tiene como respuesta los jubilosos saltos del niño que Isabel lleva en su seno, como proclama la misma Isabel: “En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre”. El viaje de María resulta, pues, un viaje apostólico, misionero, portador del Salvador y de la salvación. ¡Qué estupendo si todo viaje y presencia de los cristianos fuera así! El himno de laudes de esta fiesta canta bellamente este viaje de María:
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.