Viernes de la 7ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis corderos." Por segunda vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le contesta: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Él le dice: "Pastorea mis ovejas." Por tercera vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras." Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme." ( Juan 21, 15-19) 1. Dejamos el escenario del Cenáculo y la última cena. Este episodio ocurre junto al lago de Tibiríades, y después de la Resurrección. La cosa fue así: los apóstoles desembarcan y encuentran a Jesús resucitado, que les invita a almorzar un pan y un pescado asado que les ha preparado. Después de comer, Jesús entabla este emotivo diálogo con Pedro, que nos presenta el evangelio de hoy. Antes del prendimiento, Pedro, impetuoso siempre en su fervor por el Maestro, había dicho a Jesús que, aunque todos le negaran él no lo haría. Pero, llegado el peligro, su entusiasmo se vino abajo y negó a su Maestro: “Yo no lo conozco... “ (Lc 22, 57). ¡Pobre Pedro, tan entusiasta y enamorado, pero qué débil! Como yo, Señor. ¡Cuántas protestas de amor me has escuchado, y después, cuántas traiciones mías has sufrido! De Pedro sabemos que, cuando cruzó su mirada con la tuya, lloró amargamente su pecado. Y yo, Señor, ¿no lloraré? 2. Hoy contemplamos cómo el buen Jesús da al débil Pedro la oportunidad de proclamar ante los demás su amor al Maestro, a pesar de su traición. Jesús no reprocha a Pedro su pecado, ni le exige que lo reconozca. Le pide sólo que le diga su cariño. Y le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Pedro (podemos imaginarlo con la cabeza gacha, sin atreverse a mirar al que tanto quería y al que había traicionado) responde: “"Sí, Señor, tú sabes que te quiero". ¡Cuán poco pretenciosa y cuán humilde la respuesta de Pedro hoy! Ya no alardea de amarlo más que los demás. Sólo confiesa que lo ama… También yo, Señor, oigo que me preguntas si te amo. Y sólo puedo responderte lo de Pedro: “Señor, tú sabes que te quiero. Te he traicionado muchas veces; pero, Señor, sabes que te quiero. Y que me duelen mis traiciones a tu amor, y me entristece infinitamente el tiempo perdido sin saborear tu amor... Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Pero aumenta mi amor”. 3. Tres veces negó Pedro al Maestro, y tres veces le pregunta Jesús si le ama. A la tercera, el pobre Pedro siente que la tristeza le rompe el corazón y, roto y humillado, responde: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." San Juan Crisóstomo comenta este texto, diciendo que Jesús no le dice a Pedro: «Duerme sobre el desnudo suelo, ayuna, vístete de saco»; no. Le dice: «Apacienta mis ovejas». Es decir, no le pide que haga las prácticas ascéticas que acostumbraba hacer la gente piadosa, sino que le dice: “Apacienta mis corderos", "pastorea mis ovejas", "apacienta mis ovejas”. Como diciéndole: “Pedro, tú dices que me quieres, pues muestra tu amor, entregándote a los que yo amo, cuídalos, guíalos. Y ten en cuenta que la fidelidad a mi amor y la entrega a los demás te llevará a morir como yo.” Y después le dice: “Sígueme.” Sabemos que Pedro siguió a Jesús y ahora sí le fue fiel hasta morir por él… Señor, terminando ya las celebraciones pascuales, hoy escucho también tu llamada: “Sígueme.” Y siento, Señor, que también sigues confiando en mí -débil como soy- como confiaste en el débil Pedro. Gracias, Señor. Con toda humildad te digo que te amo y quiero ser fiel a tu amor, entregándome y cuidando a los demás: a los de la familia, a los vecinos, a los compañeros, a los necesitados que me tropiece en la vida… Sé que tendré dificultades; pero, Señor, confío en la fuerza del Espíritu Santo que siempre me va a acompañar.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
25/05/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|