Miércoles de la 7ª semana de Pascua

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la 7ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: - Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad. ( Juan 17,11b-19).

  1. “¡Padre santo!, guarda en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros”. ¡Con qué emoción escucharían los discípulos estas palabras de Jesús, pidiendo que ellos y todos los que habíamos de creer después vivamos la unidad en el amor, como ha vivido él con el Padre! ¿Y cuáles serían los sentimientos del Señor? Miremos y contemplemos a Jesús, hondamente recogido en comunicación íntima con el Padre y pidámosle que nos permita compartir sus sentimientos y su oración y sus deseos profundos de que todos seamos uno. El ha guardado amorosamente a los que el Padre le ha dado; los ha tenido a su lado y han experimentado su profundo amor. Ahora se va. ¿Qué sentías, Señor, en esos momentos? Te preocupaban los tuyos. Los has guardado hasta ahora. Y ahora van a quedar sin ti en medio de los peligros del mundo, y ruegas al Padre que los cuide él en adelante... Señor Jesús, hoy pide para que el Padre nos guarde en este mundo tan hostil a los valores cristianos, que seamos testigos tuyos, viviendo la unidad en un mundo donde hay tanto individualismo egoísta y tanta división.
  1. “Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo . No ruego que los retires del mundo sino que los guardes del mal. ” Jesús ha dado a los suyos la Palabra de salvación del Padre. Y ellos la han acogido, mientras que el mundo la ha rechazado. La Palabra de Dios llama a amar, a compartir, a perdonar, a servir, etc. Y el mundo vive de otras palabras muy diferentes: tener y acaparar, triunfar como sea, tomarse la revancha, estar por encima de los demás, etc. Por eso, el mundo odió a Cristo y odia a los que le siguen... Señor Jesús, ruega por nosotros; que, aunque estemos “en el mundo”, no seamos “del mundo”. Ruega al Padre que nos guarde de las seducciones del mundo, que no nos contagiemos de su mentalidad. Que nuestra mentalidad rezume Evangelio. Que, aunque nos cueste incomprensiones y renuncias, vivamos de tu Palabra, y no, de las del mundo.
  1. “Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo...” El Padre envió a Jesús al mundo para salvar al mundo. Y en el empeño de cumplir su misión, se ha jugado la vida: va a sufrir atroces tormentos hasta morir crucificado. Pero el Padre se pondrá de su parte y lo resucitará. Ahora, antes de comenzar el oscuro drama de su pasión, traspasa su misión a los suyos, -a los que están con él esa noche de la cena y a los que llegaríamos después-. También nosotros, Señor Jesús, hemos sido entregados por el Padre a tu cuidado y nos quieres y nos guardas amorosamente. Esta es nuestra alegría y nuestra firmeza y seguridad: sabernos amados por ti y por el Padre. Y ese amor es más fuerte que las dificultades y el odio del mundo. Contando con ese amor, ¿cómo no vamos a entregarnos con entusiasmo a la tarea a que nos envías de transformar el mundo, siendo “levadura” de amor, de entrega y de servicio? Gracias, Señor, por tu elección. Somos débiles, pero ¡somos tuyos!

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

07/05/2008


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •