Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. La parábola de hoy es un bello resumen de la historia de Israel. Dios que ha amado a su pueblo -la viña cuidada con esmero por Dios-. Con ella Jesús denuncia el abuso de la autoridad de los viñadores, es decir, de “los sacerdotes y ancianos del pueblo”, que no cuidan del pueblo de Dios. Y no sólo no han escuchado a los enviados de Dios -a los profetas-, que se lo echaban en cara, sino que los han matado. Ahora Dios les ha enviado a su Hijo, y ellos están tramando terminar con él, con el Heredero, propósito que llevarán a efecto… Nosotros somos hoy la viña tiernamente querida por Dios. ¡Cuánto amor gratuito ha derramado sobre nosotros! Nos hemos criado en una familia cristiana que nos trasmitió la fe, hemos recibido una formación cristiana, nos ha dado los sacramentos y su Palabra para orientar nuestras vidas, etc.. ¿Cómo estamos respondiendo al Señor? ¿Estamos dando los frutos que Dios espera de nosotros?
2. Hoy, en este tiempo de cuaresma, el Señor nos proclama esta parábola a nosotros, el nuevo pueblo, en el que el Señor ha puesto sus esperanzas. ¿Estamos defraudándolas como el pueblo viejo? Hoy la Palabra de Dios nos denuncia y llama a la conversión, como denunció y llamó a la conversión a los de aquel tiempo. El Señor espera de nosotros los buenos frutos del Reino: el amor, la unidad, la entrega, la preocupación por al hermano, una verdadera fraternidad, etc. En definitiva, que seamos fermento de salvación en esta sociedad. Y ¿qué encuentra? Señor, si miro mi vida, veo que no es testimonio vivo de tu Reino; que en ella hay demasiado egoísmo materialista y olvido del hermano, demasiado cristianismo comodón y contemporalizador. Al viejo Israel, por no responder a su misión, se le arrebató “la viña”, para entregarla al nuevo pueblo, a la comunidad de Jesús. A veces, Señor, me quejo de mi frialdad espiritual, de que me falla la fe… Y pienso –estremecido por el temor de que así sea- si será que me estás retirando tu gracia, porque no respondo a ella y no doy los frutos que esperas de mí.
3. Los sacerdotes, ancianos y fariseos entendieron que la parábola hablaba de ellos mismos, pero no se convirtieron, sino que mantuvieron su proyecto de terminar con Jesús. Nosotros ¿cómo reaccionamos ante ella? Ojalá nos sintamos interpelados por esta Palabra de Dios. Y en este tiempo de gracia de la cuaresma, escuchemos sus llamadas a la conversión. Que nos sintamos amados gratuitamente por el Señor, y en nuestro corazón brote el deseo y el propósito de dar los frutos que espera de nosotros, y cumplir la misión que se nos ha encomendado. Señor, perdóname. No te canses de mí.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.