Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. El Señor sigue llamándonos a la conversión. Hoy nos advierte: “Sí no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos.” Los fariseos y escribas enseñaban que “la persona alcanza la justicia ante Dios cuando llega a observar todas las normas de la ley en todos sus detalles." Y desde luego ellos eran buenos cumplidores de la Ley y, por ello, se tenían por justos.. Pero se quedaban en el mero cumplir la ley. Diríamos, en la corteza, en lo exterior. Jesús nos dice hoy que los suyos hemos de ir más allá. No podemos quedarnos en la letra de la ley, hemos de llegar al espíritu, al cambio del corazón, a vivir el amor. “Sed perfectos como el Padre celestial es perfecto, que hace salir el sol sobre buenos y malos.” (Mt 48) Es decir, seremos justos, cuando acojamos y perdonemos a los otros como Dios nos acoge y perdona a nosotros, a pesar de ser pecadores. Si no es así, ¿de qué sirve cumplir todo lo mandado?
2. Su enseñanza la ilustra Jesús con unos ejemplos concretos. “Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano será procesado”. Ahí está. El discípulo de Jesús, no puede contentarse con no ser un asesino, para cumplir el 5º mandamiento. Hay que arrancar del corazón todo lo que de alguna manera puede llevar a la destrucción del hermano, como el enfado con él, o el rencor, el odio, la enemistad, el insulto, el deseo de venganza, etc. La comunidad de Jesús no es la comunidad de los que no matan y no hacen el mal, sino la comunidad de los que aman y hacen el bien a todos sin distinción. Por eso, nunca un cristiano puede darse por satisfechos porque diga: “Yo no mato ni robo, ni hago ni deseo mal a nadie..." Benedicto XVI dice: “El que es meramente justo, el que busca hacer solamente lo correcto, es el fariseo; sólo el que no es meramente justo, comienza a ser cristiano”. Señor, destruye el fariseo que vive agazapado en mi corazón. Que no me contente con cumplir. Que dé un paso más allá y busque amar.
3. Llamados a vivir el amor, la ofrenda que de verdad agrada a Dios es la comunión de amor entre los hermanos. Por eso: “si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda”. No debe importarme de quién es la culpa. Sólo debe importarme que el otro tiene algo contra mí, y yo debo procurar reconciliarme con él y restablecer la paz. Esto es tan importante para Dios, que sin la previa reconciliación con el hermano, ninguna ofrenda le agradará. Por eso debo dejar la ofrenda ante el altar e ir a reconciliarme con mi hermano. Y entonces, sí podré presentar mi ofrenda, que agradará a Dios y me alcanzará la reconciliación con él. El culto a Dios –por solemne y grandioso que sea-, si no está sostenido por el amor y la comunión con el hermano, de nada vale… Señor, cambia este corazón mío, tan soberbio y resistente a dar el primer paso para buscar la reconciliación con el hermano. Que lo que hoy me dices se grave a fuego en mi corazón y lo lleve a la práctica.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.