Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Hoy el evangelio nos habla de cómo Jesús, empujado por el Espíritu, se retira al desierto, antes de empezar su vida pública. Allí, en el silencio, a solas con el Padre, guardando ayuno durante 40 días, se prepara para comenzar su misión: la proclamación del Reino de Dios. El desierto es el símbolo de nuestro camino cuaresmal: un tiempo para clarificarnos, para encontrarnos con nosotros mismos, con Dios y con lo que Dios quiere de nosotros. Para fortalecer nuestro espíritu mediante la escucha de la Palabra de Dios, con la oración, con la penitencia. Para experimentar que Dios no nos abandona nunca, ni en los momentos más difíciles, como no abandonó a Jesús. El en la soledad del desierto: “vivía entre alimañas, y los ángeles le servían”. Señor, concédenos la gracia de aprovechar este tiempo de gracia. Que dediquemos más tiempo a escucharte en la oración. Que el Espíritu Santo nos acompañe durante estos días.
2. El desierto, en la Biblia, es el lugar de la soledad, del silencio, del diálogo y encuentro con Dios; pero también es el lugar de la prueba, de la dificultad, el lugar para optar por Dios. Jesús -como hombre, semejante en todo a nosotros menos en el pecado- en el desierto se deja tentar, poner a prueba por Satanás, que le presenta un camino distinto al que Dios quería para él como Mesías. Y Jesús lo rechaza y opta por el plan de Dios sobre él. Y de esa experiencia saldrá dispuesto a recorrer el camino que el Padre le ha trazado. En tu seguimiento, Señor, también nosotros experimentamos constantemente la tentación, la seducción del enemigo, que intenta alejarnos de de tu camino. No nos dejes caer en la tentación, Señor. Lucha tú con nosotros. Nosotros somos débiles, pero, si tú luchas con nosotros, venceremos.
3. Al regresar de su retiro en el desierto, Jesús empieza a proclamar la cercanía del Reino de Dios, y a llamar a la conversión: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.» Es la invitación que la Iglesia nos hace en este tiempo de cuaresma: romper con el pecado, convertirnos, cambiar la mentalidad y los criterios mundanos que rigen nuestra vida por los criterios del evangelio, y empezar a vivir según el evangelio de Jesús. Porque el reino de Dios llega. Porque hay que acogerlo. Para ello, lo primero es detenernos, no tener miedo a quedarnos a solas con Dios y mirar nuestra vida y preguntarnos: ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Hacia dónde la estoy dirigiendo? ¿Estoy viviendo según el mundo o según Dios? Señor, abre nuestros ojos para que veamos nuestros desvíos de tus camino, nuestros pecados. Que esta cuaresma sea ocasión para empezar una nueva vida más según tus planes.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.