Lunes de la 6ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - "Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no se tambalee vuestra fe. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho ." ( Juan 15, 26-16). Hoy el Señor nos habla de la misión del Espíritu que ha venido prometiendo a los discípulos: dará testimonio a favor de Jesús en medio de su comunidad, para certificar en el corazón de sus miembros, de sus discípulos, que Jesús es el Señor, para que ellos puedan también dar testimonio de Jesús ante el mundo: "Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio….” Con la ayuda de este Defensor, del Espíritu, muchos cristianos –a través de los siglos- han podido dar testimonio de Jesús. Y también nosotros podremos darlo, aunque nos desprecien por ello. Señor Jesús, danos el Espíritu Santo, el Defensor que nos prometiste. Mira que muchas veces somos cobardes y débiles. Para que nunca se tambalee nuestra fe, danos al Defensor y así daremos testimonio valiente de ti –con la palabra y con la vida- ante este mundo tan descreído.
Como vemos, Jesús continúa preparando a los suyos para la persecución: “Os he hablado de esto, para que no se tambalee vuestra fe. ” El Señor lo anuncia para que no nos tome por sorpresa y nos vengamos abajo. Ya en el evangelio del sábado pasado Jesús hablaba de que los suyos serían odiados por el mundo, porque el mundo no tolera a los que no son del mundo. Hoy dice que los suyos serán marginados por los representantes de la religión, que incluso se gloriarán de matarlos, pensando que hacen algo agradable a Dios: “Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.” Es lo que pasó a Jesús: en nombre de la religión oficial lo persiguieron y condenaron. Y el proceso del mundo contra Jesús continúa en la persecución y condena de sus seguidores. Cuando lo que enseñemos y vivamos no sea del gusto del mundo, la incomprensión, la crítica y la persecución son seguras. ¿No lo hemos comprobado? Señor, que, cuando esto ocurra, recordemos que a ti te ocurrió antes y que nos anunciaste que así nos pasaría también a nosotros: “Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho."
Pero, Señor, que recordemos, sobre todo, la promesa que nos has hecho de que el Espíritu nos defenderá, y que, con su fuerza, podremos permanecer fieles a tu estilo de vida y dar testimonio de ti. Como lo han hecho tantos y tantos cristianos que han sido perseguidos y han sufrido martirio por el evangelio... Y hoy son muchos los hermanos nuestros que –en tantas partes- son perseguidos y hasta muertos por ser fieles a tu evangelio, a tu estilo de vida, y, por ponerse, como tú, Señor, de parte de los pobres, de los marginados, cuando son explotados y tratados injustamente. Señor, que mirándote a ti y mirándolos a ellos, nosotros continuemos obrando el bien y luchando contra el mal, sin miedo a las contrariedades, a las renuncias y a los inconvenientes que ello nos acarree.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
28/04/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|