Sábado de la 4ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto. Felipe le dice: - Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Jesús le replica: - Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré . (Juan 14, 7-14). Jesús continúa despidiéndose de los suyos. Les dice: “Si me conocéis a mí, conoce-réis también a mi Padre… Felipe le pide: "Muéstranos al Padre”. El deseo del hombre es ver a Dios, conocerle. Es lo que pide Felipe: ver al Padre como ve a Jesús. Aun no había comprendido el misterio de Jesús: que Jesús es el rostro visible de Dios, que Jesús es igualito al Padre, clavado al Padre. Por eso, ver a Jesús es ver al Padre, conocer a Jesús es conocer a Padre y escuchar a Jesús es escuchar a Padre. Y si en Jesús se mostraba el rostro del Padre, en el cristiano debe mostrarse el rostro de Cristo. Gracias, Padre, porque en tu Hijo Jesús y en sus obras nos has mostrado todo tu amor y toda tu misericordia; que nuestras vidas y nuestra obras lo muestren hoy a nuestros contemporáneos.
Jesús reprocha a Felipe que no le conozca después de tanto tiempo de estar con ellos. “Hace tanto tiempo que estoy con vosotros ¿y no me conoces, Felipe? Y es que nunca terminamos de conocer del todo al Señor. Porque nunca terminamos de creer en él y aceptarle del todo y descubrir todo el amor de Dios que en Jesús se nos revela y se nos entrega. Para ello, necesitamos estar más con él, amarle más. Porque, como dice Benedicto XVI, «el camino privilegiado para conocer a Dios es el amor, y no existe un auténtico “conocimiento de Cristo” sin enamorarse de él». Señor, en el silencio de la oración y la meditación quiero mirarte, contemplarte y escucharte más para enamorarme más de ti y llegar a comprender el inmenso tesoro de amor y misericordia que eres.
“Quien me ha visto a mí ha visto al Padre..." Los judíos vieron y escucharon físicamente a Jesús y fueron testigos de sus obras; pero no vieron ni escucharon en él a Dios. Porque los ojos y los oídos de su corazón estaban ciegos y sordos. Sólo la fe podía abrirlos, pero se negaron a creer. Señor, que nosotros sí creamos en ti y te acojamos, y en ti acojamos al Padre. Que vivamos la vida nueva que nos has conquistado y seamos así alabanza de Dios, como dice San Agustín: “¡Oh, hijos de Dios!..., que habéis nacido en Cristo a una vida nueva…, cantad al Señor un cántico nuevo... Pero, que tu vida no dé un testimonio contrario al que proclama tu voz. Cantad con la voz y con el corazón, con la boca y con vuestra conducta... ¿Queréis alabar a Dios? Vivid de acuerdo con lo que pronuncian vuestros labios. Vosotros mismos seréis la mejor alabanza que podáis tributarle, si vuestra vida es santa”. Sí, Señor Jesús, dame tu gracia para que mi vida sea alabanza del Padre.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
19/04/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|