Sábado 2ª semana de Adviento
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: "¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?" Él les contestó: "Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos." Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan, el Bautista. (Mateo 17,10-13). 1. Los judíos esperaban la vuelta de Elías que prepararía la venida del Mesías. Como esto no había ocurrido, muchos decían que Jesús no podía ser el Mesías. Bajando del Tabor, los discípulos preguntan a Jesús sobre ello. Y Jesús responde: “Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo.” Ellos comprendieron que se refería a Juan Bautista, cuyas llamadas a convertirse y preparar los caminos del Mesías habían despreciado, y a quien Herodes había mandado matar por denunciar su vida de adulterio. Esto mismo les dice Jesús que van a hacer con él: “ Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.” Y todo, Señor, porque ni los planes del Bautista ni los tuyos coincidían con sus planes, con las expectativas que se habían forjado de un Mesías político. Porque ni Juan ni tú habíais irrumpido en el mundo con fuerza avasalladora y triunfal, sino de una manera humilde y pacífica; predicando, no la revolución violenta, sino un reino de amor, de paz, de misericordia y fraternidad. 2. Como siempre. ¡Cuánto nos cuesta aceptar los planes de Dios, si chocan con los nuestros! ¡Cuánto nos cuesta reconocer al Señor cuando no viene según nosotros esperamos y creemos que debe venir! Como meditábamos en el evangelio de ayer, nos damos muy buena maña para encontrar “razones razonables” para no atender las llamadas de Dios a la conversión y continuar caminando por nuestros caminos torcidos. Y es que, Señor, somos muy duros de mollera y de corazón... Perdónanos. Ten paciencia con nosotros, Señor, como la tuviste con los discípulos, tan duros de cerviz también. Danos en abundancia tu gracia que reblandezca nuestro corazón. 3. Señor, danos unos ojos nuevos, que miren sin miedos ni prejuicios, y descubran tus venidas; y ábrenos los oídos para que reconozcamos tu voz amorosa que nos llama a la convertirnos. En estos días Adviento ¡qué de llamadas me estás haciendo, Señor! Pero ¿estoy respondiendo?; ¿estoy preparando los caminos para tu venida a mi vida? Señor, que no tema que con tu venida me quites nada. Que vea claro que vienes a llenar mi vida de sentido, a darme la libertad que me falta y yo anhelo. Que sepa, Señor, discernir los signos anunciadores de tu venida. Y, como ruega la liturgia de hoy, que te deje amanecer en mi vida: “Dios todopoderoso, que amanezca en nuestros corazones el resplandor de tu gloria, Cristo, tu Hijo, para que su venida ahuyente las tinieblas del pecado y nos transforme en hijos de la luz. ” ( Colecta de la misa).
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
15/12/2007
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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