Lunes de la 4ª semana de Pascua (ciclo A)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús:- «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre .» (Juan 10, 11-18) 1. - “ Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas”. Hermosa imagen que nos dice quién es Jesús y cómo se comporta con nosotros. El nos conoce, con un conocimiento que no es meramente intelectual, sino amoroso. El nos ama. Y nos conoce y ama a cada uno individualmente, uno por uno. Escribe Mons. Cesar Franco: "El hombre se pregunta si será amado tal cual es y, sencillamente, por lo que es: un ser humano. Si, a pesar de aquello que conoce de sí mismo y que no se atreve a decirse ni a sí ni a los demás, podrá ser amado. Se pregunta, en fin, si alguien le amará hasta dar la vida por él.” En el evangelio de hoy tenemos la respuesta: el Buen Pastor nos conoce muy bien, mejor que nosotros mismos. ¡Y nos ama como somos! El no hace ascos de nuestros defectos, de nuestros pecados, de nuestras deficiencias: simplemente nos ama. Y nos ama ¡hasta dar la vida por nosotros!: “yo doy mi vida por las ovejas”. ¿Quién amó jamás de tal manera? Hoy y siempre quiero darte gracias, Señor, infinitas gracias por ser Pastor tan bueno. 2.- Hay muchos cristianos que han perdido la alegría de vivir: viven amargados, tristes, acomplejados, despreciándose a sí mismos, porque piensan que nadie los quiere ni merecen ser queridos por nadie… Pues ahí está el Buen Pastor que nos ha valorado tan altamente y nos ha amado tanto, que ha pagado el precio más alto que se puede pagar por alguien: ha dado su vida por cada uno de nosotros. Y si el Buen Pastor, conociendo nuestras deficiencias, limitaciones, miserias y pecados, no nos rechaza, sino que nos ama hasta tal punto, ¿por qué nosotros, por limitados que nos descubramos, por muchos que sean nuestros defectos y pecados, no nos vamos a aceptar? Si el Señor me valora tanto y quiere, ¿cómo no me voy a valorar y querer yo? Señor, Buen Pastor, que lo recuerde siempre que asome el malhumor, la tristeza y el desánimo ante mis defectos, limitaciones, fracasos y pecados. Y que ese pensamiento devuelva a mi corazón la alegría de vivir, porque, a pesar de todo, tú me amas y me acoges. 3.- “Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.” El Buen Pastor tiene también otras ovejas y a todas quiere reunirlas en un solo rebaño, en una sola comunidad. Una comunidad de amor, unida por él y en él, a la que él se da como alimento en la Eucaristía. Y a cada uno de los componentes de esa comunidad nos envía para que, en nuestros ambientes, vivamos como él, entregándonos, haciéndonos cercanos y comprensivos para con los demás. Y para comunicarles nuestro gozoso hallazgo: que hay Alguien que nos ama y se preocupa de nosotros, y quiere ser nuestro amigo para siempre, como cantaba R. Cantalapiedra: Un día, por las montañas, - apareció un peregrino. Se fue acercando a las gentes, - acariciando a los niños. Iba diciendo por los caminos: - Amigo soy, yo soy amigo. Y las gentes que lo oyeron - contaban a los vecinos: Hay un hombre por las calles - que quiere ser nuestro amigo.
¿No necesitan muchos -y esperan- que les demos esta noticia? Señor, que no les defraudemos.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
14/04/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|