Jueves de la 3ª semana de Pascua

Paso la palabra. Para meditar cada día
Jueves de la 3ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos serán instruidos por Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo." ( Juan 6, 45-52).

  1. "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado . Y yo lo resucitaré el último día”. Jesús es el regalo, el don que nos da el Padre. Él es el que toma la iniciativa, el nos empuja hacia Jesús; pero nosotros tenemos que dar una respuesta personal, tenemos que acoger ese regalo, creer en Jesús como nuestro Salvador, darle nuestra adhesión since. Y al que crea en Jesús, le comunica su propia vida y él “lo resucitaré el último día”. Gracias, Padre, por tu amor, por el don precioso que es Jesús. Yo sí quiero dejarme llevar por ti a él, y quiero a abrirle las puertas de mi corazón. Ven, Señor Jesús, que sólo de ti me viene la salvación.
     
  2. "Serán todos instruidos por Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.” ¿Escuchamos y aprendemos lo que el Padre nos enseña? ¿Nos ponemos a la escucha? ¿Hacemos silencio para escucharle? Si no lo escuchamos, ¿cómo vamos a ir Jesús? La escucha del Padre es la que nos pone en camino al encuentro de Jesús, el Salvador que viene de su parte, el que vive en comunión plena con él, el único que le conoce y le ha escuchado y conoce su voluntad… Y Dios nos habla de mil maneras y en múltiples ocasiones: una celebración, el encuentro con un hermano, una enfermedad, la contemplación de la naturaleza, un acontecimiento gozoso… ¡Qué elocuentemente nos habla el Señor en esas ocasiones, si sabemos escuchar! Señor, instrúyeme y atráeme hacia ti. En la oración habla a mi corazón, muéstrame qué deseas de mí. Encamíname hacia tu Hijo Jesús, el Salvador.
     
  3. “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo." Cristo es el Pan vivo bajado del cielo. Cuando comemos el Pan vivo, que es Jesús, él nos comunica su propia vida divina y nos transforma en él mismo. Por eso, dice Jesús: “el que coma de este pan vivirá para siempre”. San Ignacio de Antioquia decía: «Partimos un mismo pan, que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, para vivir por siempre en Jesucristo». Pero, cuando comemos el pan de la eucaristía, ¿nos dejamos transformar por él y en él?; ¿le dejamos que nos “viva”, que nos cambie? San Antº Mª Claret confesaba: “Al final de cada eucaristía me siento como el hierro que acaba de salir de la fragua.” Comer el Pan vivo, que es Jesús, es adentrarnos en el mismo Amor, para asimilar sus actitudes, para poder amar como él amó, para vivir su proyecto de vida. Señor Jesús, que cada comunión me una más a ti; que yo me deje transformar en ti, de modo que tú vivas cada vez más en mí y yo en ti. Y unido a ti, que me sienta, Señor, empujado a entregarme como tú.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

10/04/2008


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