Martes de la 2ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
“En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Todos eran muy bien visto”. (He 4,32-33) En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: - Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu. Nicodemo le preguntó: - ¿Cómo puede suceder eso? Le contestó Jesús: - Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. ( Juan 3,5a. 7b-15). Durante estos días la liturgia nos va presentando la vida de la Comunidad cristiana: “En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Todos eran muy bien visto”. (He 4,32-33) Tal vez San Lucas no nos presenta tanto cómo era la comunidad primera, sino el ideal, hacia dónde debe caminar la comunidad construida en la fe del Resucitado: a ser una comunidad asentada y regida por el amor, la acogida, la comprensión, la aceptación del otro, la comunicación, la solidaridad. Una comunidad donde la barrera del yo y el tú, del mío y el tuyo queda rota, y brota el nosotros y el nuestro. A eso está llamada la comunidad nacida del Espíritu. Una comunidad así será muy bien vista por todos, por Dios y por la gente. ¡Qué bien si nuestras comunidades cristianas fueran así! Pero... ¿lo son? Al menos, ¿es hacia donde caminamos, es lo que buscamos? Señor, que en medio de un mundo de ambiciones y desunió, los tuyos seamos testigos del amor, de la comunión, de la unidad.
Jesús había dicho a Nicodemo -y se lo repite hoy- que hay que nacer de nuevo: “Tenéis que nacer de nuevo”, es preciso nacer a la vida del Espíritu. Pero Nicodemo, aunque familiarizado con la Escritura y buen cumplidor de la Ley, no entiende eso de nacer del Espíritu. Jesús se lo reprocha: “Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes?” Ezequiel lo anunció: “Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo… Os infundiré mi espíritu.” Pero el mundo del espíritu sólo lo descubren los que creen en Jesús y aceptan su mensaje, y los dirigentes judíos no quieren creer, temen perder sus seguridades. En cambio, sí lo descubren y experimentan la gente de corazón sencillo, los pobres, los enfermos, que abren sinceramente el corazón a Jesús y a su mensaje, porque no temen perder nada. ¿No ocurre ahora algo parecido? Hay personas sencillas, tal vez sin grandes conocimientos, que nos sorprenden cómo “entienden” y acogen y viven el evangelio y las cosas del Reino..., mientras que los “sabios” de hoy le siguen cierran la puerta y no quieren “entender”, porque ello les obligaría a cambiar, a “nacer” de nuevo y a vivir de modo distinto. Señor, danos un corazón sencillo, que no tema creer en ti, acogerte y amarte y “renacer”.
La experiencia de Jesús y de su comunidad es muy distinta de la de Nicodemo y de los maestro de Israel. Ellos conocían bien la Ley y la cumplían, pero se quedaban en lo externo, sin penetrar en el espíritu de la Ley, en el amor. La comunidad de Jesús, por el contrario, es una comunidad nacida del Espíritu, que vive una vida nueva, y da un testimonio muy distinto al de los dirigentes judíos. “De lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio”. Los judíos se resisten a acepar ese testimonio, y se aferran al legalismo de siempre… Hoy no nos sorprenda que también el testimonio de la comunidad de Jesús, de los nacidos del Espíritu, nuestro testimonio, encuentre dificultades y sea rechazado: el que tiene los ojos y el corazón llenos de “tierra”, ¿cómo entenderá “las cosas del cielo”, una vida vivida según el Espíritu de Jesús?
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
01/04/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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