Martes 2ª semana de Adviento
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
«Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio ... Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.» ( Is 40,1-2.9-11) En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños." (Mateo 18,12-14 ). La liturgia de Adviento continúa intentado levantar nuestro ánimo y avivar nuestra esperanza. ¡Qué palabra de consuelo la de Isaías hoy: “Consolad, consolad a mi pueblo… Mirad: Dios llega, el Señor llega con fuerza, su brazo domina… Como un pastor apacienta el rebaño, su mano lo reúne. Lleva en brazos los corderos, cuida de de las madres”. (1ª lect.) Con estas palabras el profeta trataba de levantar los ánimos del pueblo desterrado. Dios tiene entrañas de misericordia y no se ha olvidado de su pueblo: él viene a liberarlo... La liturgia nos las grita hoy a nosotros, “desterrados” en este mundo -donde tanto mal hay aun hay-, que suspiramos por un mundo nuevo, donde la ley sea el amor y todo lo que del amor brota: la justicia, la solidaridad, la paz...
“Alza con fuerza la voz... di a las ciudades de Judá: Aquí está vuestro Dios. Mirad: Dios, el Señor llega con fuerza, su brazo domina…” Sí, Señor, llega, ven y rompe con tu poder tanta cadena que aún me ata. Intento e intento liberarme, pero siempre quedan esclavitudes que no logro vencer. Ven y hazme experimentar el consuelo de tu liberación. Así podré proclamar que tú salvas, que es posible la esperanza, a pesar de todo. ¡Cuántas personas veo que sufren, al sentirse esclavas del mal, del pecado! La desesperanza crece en ellas cuando ven que, a pesar de sus esfuerzos, no logran desatarse de las cadenas que les esclavizan. Yo quiero anunciarles que tú puedes liberarlas. Pero sé, Señor, que mi mensaje sólo será convincente si hablo desde mi experiencia de liberado por ti. Por eso, te pido que me liberes, que me hagas experimentar el gozo de tu salvación, para que pueda proclamar las maravillas de tu poder.
Y la esperanza del Adviento ¡cómo se acrecienta al leer el evangelio de hoy! “Vuestro Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños." Por eso, como Pastor bueno busca la ovejuela que se ha perdido, y, cuando la encuentra, el corazón se le llena de una inmensa alegría. Esos “pequeños” que el Padre no quiere que se pierdan, somos nosotros, los débiles, que buscamos la liberación y no la logramos. ¡Qué suerte tener un Padre con tales entrañas de misericordia y amor! ¡Qué consolador saber que la alegría de nuestro Padre es encontrarnos, perdonarnos, devolvernos al redil de su amor, al gozo y la felicidad de su compañía! Gracias, Señor Jesús, por habér- noslo revelado. Que si alguna vez nos apartados de Dios, no olvidemos que él nos ama y busca, y su alegría es encontrarnos, perdonarnos y hacernos experimentar de nuevo el gozo de su amor.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
11/12/2007
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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