Domingo 1 de Adviento A

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 1 de Adviento A
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada. Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre».( Mt 24,37-44).

  1. Comenzamos Adviento, un tiempo fuerte de gracia. Este primer domingo de Adviento nos invita a pensar en la venida final del Señor. El evangelio nos recuerda lo ocurrido en tiempos de Noé: la gente vivía tan ocupada de sus asuntos inmediatos -“comían, bebían, tomaban mujer o marido...”- que, cuando vinieron a darse cuenta llegó el diluvio y, como no estaban preparados, perecieron todos. En esta sociedad nuestra de consumo y bienestar, ¿no ocurre algo de eso? A muchos sólo les preocupa y les quita el sueño lo inmediato, lo material: ganar más para consumir más. Y para lograrlo ni se repara en los medios: se atropella a las personas, se cometen injusticias, se corrompen voluntades... Todo vale si es para medrar. Como si lo material fuera, no ya lo principal, sino lo único. Dios y el hombre apenas cuentan. Como para aquéllos de los días de Noé, a quienes sorprendió el diluvio y acabaron mal. Nosotros ¿en qué medida participamos de ese modo de pensar y actuar de esta sociedad? ¿Está Dios en el horizonte de nuestro porvenir y de nuestra búsqueda, o ni le echamos de menos? De continuar así, ¿cómo terminaremos?
  1. Frente a la actitud tan roma de muchos, los cristianos sabemos que el Señor viene. Ya vino cuando, en Belén, nació de la Virgen María; y vendrá para consumar la salvación. No sabemos cuándo. Llegará sin avisar, cuando menos lo esperamos: “Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevará y a otro lo dejará; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a la otra la dejarán”. En cualquier momento o circunstancia de la vida puede llegar el Señor. Y su venida será salvación para uno, y para otro condenación. Los dos del campo y las dos del molino hacen lo mismo, pero la actitud es distinta: uno está entre los desprevenidos, y el otro, entre los vigilantes; a uno le importa sólo disfrutar de lo material, y el otro cuenta con Dios y ha preparado el encuentro con él. Por eso nos advierte el Señor: “Por tanto estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá el Señor.” Este es el tiempo de la espera. Hay que vivirlo atentos, vigilantes, con el corazón abierto al amor, trabajando para que la obra de Jesús avance... Señor, ahora me pregunto: si llegaras en este momento, ¿cómo me encontrarías?; ¿me llevarías o me dejarías? Tu venida ¿sería para mí salvación o condenación?
  1. Muchos dormimos aún en la noche del egoísmo, de la injusticia, del desprecio a los que menos cuentan, del olvido de los que sufren. San Pablo nos grita: “ Ya es hora de despertaros del sueño... La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz ...” ( 2ª lect.) Despertemos, pues. El Señor está viniendo continuamente a nuestra vida. Tengamos los ojos y el corazón abiertos para verlo y recibirlo. Hoy entramos en un tiempo fuerte de gracia. Despertemos del letargo y de la rutina. Tomemos en serio el momento: “ dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz... Vestíos del Señor Jesús”... Sí, Señor, en este tiempo quiero vestirme de ti, para que en mi vida aparezcan tus actitudes y tus obras: el amor, la entrega, el servicio, la apertura a Dios y a los hermanos. Ven, Señor Jesús. Te espero, te necesito. ¿Cómo pasaré de la tiniebla de mis egoísmos y orgullo, a la luz del amor y la entrega, si tú no me ayudas?

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

02/12/2007


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