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  TOTANA YA NO ES TOTANA   (Gines Rosa )

Si nos atenemos a diversas noticias y reportajes aparecidos en los medios de comunicación locales a lo largo de este año, Totana se encuentra en una coyuntura que se nos antoja histórica ante las oportunidades que ofrecen los numerosos cambios que se anuncian en su fisonomía. Pocas veces se van a dar las condiciones que ahora convergen para que Totana (que pasó de villa a ciudad en julio de 1918 por obra y buenos oficios del General Aznar, y por gracia de S.M. Alfonso XIII) experimente una de las transmutaciones físicas más profundas de toda su historia, quizá sólo comparable a la que tuvo lugar en 1753, con la construcción de la Balsa Vieja y la Fuente de la Plaza, y, dos siglos más tarde, con la canalización de la Rambla de la Santa, punto de inicio de la nueva Totana.

Veamos. La conexión entre ambas Glorietas; lo que surja del proyecto en torno a una mejor utilización de la Plaza de la Constitución (que estaría totalmente desangelada a no ser por los guindillas y por los ecuatorianos que buscan el fresco o el relajamiento de la noche frente a la iglesia de Santiago, que, con su restauración de fachada parece que quisiera sumarse también a esta renovación; la (¡por fín y aleluya!) reforma de la Balsa Vieja, con la desaparición de los kioscos y una actuación en la piscina; las obras de ampliación del Ayuntamiento en los límites de las calles del Pósito y Mayor Sevilla; la construcción de la estación nodal para unir enlaces ferroviarios y urbanos; las obras turísticas y ambientales de La Santa (que, pese a los destrozos, emplastes y desproporciones llevadas a cabo, tanto entusiasmaron al Pepé y, ahora, si te he visto, no me acuerdo); el anunciado enlace de la N-340 con la carretera de Aledo y Bullas; ciertas obras cuyo inicio se demoraba en exceso en el centro de la población... Sólo nos falta que algunos propietarios de los huertos de Totana dejaran de una vez por todas y para siempre de poner las ignominiosas telas verdes en sus paredes junto a la carretera (una de las peores plagas que les ha caído a nuestros huertos), robando a propios y extraños el paisaje de fondo, que es de todos, en aras de una pretendida intimidad ajena a nuestro más mínimo interés ¿Para cuando unas ordenanzas que liberen a muchos de los huertos de ese horroroso corsé que nos ha caido en desgracia?

Estamos ante un reto que nos obliga a no caer en tentaciones urbanísticas en que ya cayeron antiguas corporaciones que nos dejaron algunas lindezas de escaso remedio y de peor gusto. Por no hablar in extenso de ciertos patrimonios que fueron sustraídos al pueblo o se escaparon, tales como la parte histórica de la Encomienda, la Plaza de Abastos de 1951, la "plaza" del llamado "pilar" con el lavadero municipal, el Cine Rosa y algunos edificios de noble aspecto y de valor ambiental que la autoridad y cierto grado de ceguera y en algunos aspectos de sordera dejó en manos de la picota.

Nunca vimos tantos proyectos en una misma tacada: jardines, plazas, servicios para el transporte, edificios de primer orden, infraestructuras turísticas... Una especie de fiebre renovadora está a punto de hacer hervir a este municipio que hasta los años 70 del siglo pasado era poco menos que intocable (por falta de proyectos, claro). Creo que Totana goza de las condiciones ideales (como nos gusta decir a los totaneros) para llevar a cabo una operación de cirujía después de seculares decepciones, como el programa de la Balsa Vieja (una de las mejores ocasiones perdidas para haber hecho del lugar una plaza de categoría nacional) y el ataque indiscriminado a algunos conjuntos de edificios de valor ambiental y en parte histórico, que el urbanismo depredador y el negocio inmobiliario se encargaron de llevarse por delante para triste gloria de algunos alcaldes (y no todos jefes locales del Movimiento) y todavía más tristes laureles para la clase de capo-constructores que les traía (y aún les trae) un rábano, o menos, que los edificios tengan interés histórico, artístico o lo que fuere.

 

Se presenta una ocasión inmejorable para llevar a cabo un programa de actuaciones digno y con visión de futuro para que Totana, apoyada en las líneas de recuperación emprendidas hace algunos años, tome el camino de convertirse en una ciudad que no sólo ofrezca calidad de vida a los totaneros (lo que sería el primer objetivo), sino que, al mismo tiempo, se inscriba en un contexto de punto de atracción turística en armonía con el magnífico entorno natural en que está situada.

 


(*) Este artículo apareció en la revista "Totaneros" –nº 12- correspondiente a octubre 2001

1/10/2001


 
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